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Cualquier forma de discriminación se debe condenar; resulta de la intolerancia
con la diferencia y a veces sirve para alentar la ignorancia y la cobardía.
Los discriminadores suelen siempre negar sus acciones discriminatorias. Avergonzados,
usan expresiones como: “No tengo nada en contra de ellos; al contrario,
tengo muchos amigos negros, pobres, hornosexuales, o practicantes de la tradición
religiosa de Angola, etcétera.”
Nosotros, los que practicamos las vertientes brasileñas de la santería
y del palo, llamadas el candomblé y la macumba, sufrimos discriminación
por todos lados y de formas diferentes:
_ De la prensa cuando en sus titulares policiaies se resalta la figura del
padrino o de la madrina o de la casa: y cuando leemos el reportaje, descubrimos
que aquellas personas no tienen nada que ver con el crimen.
_ De personas de alta clase social, que frecuentan nuestras casas pero prefieren
no dejarse ver viajando hacia ellas.
_ De las otras religiones, a partir de que nos consideran una secta.
Cuando se presentó el discurso inaugural sobre el Libro sagrado de
la religión conga en Kinchasa en 1992, el señor Ne Muanda Nsemi,
autoproclamado líder espiritual de la religión conga, llamada
bundu dia congo, denunció estas intolerancias: “Actualmente los
católicos y los protestantes hablan mucho del espiritu de tolerancia
y del ecumenismo; entonces, por qué no pueden ser tolerantes con bundu
dia congo?” Más adelante, los interpela otra vez: “Padres
y pastores cristianos! Ustedes que toleran el mensaje del islam y del budismo,
por qué no tolerar el mensaje de bundu dia congo?”
En otra página acentúa el tema de la discriminación:
“Tenemos que impedir que esas iglesias importadas continúen,
como lo hicieron en la época colonial, calificando de diabólica
la cultura negra africana.”
También hay discriminación de nivel moral, cuando ciertos sectores
de nuestra sociedad afirman que el candomblé representa un antro de
marginales, de pederastas masculinos, de lesbianas, ladrones y fumadores de
marihuana. Sin embargo, a mi parecer, la peor de todas las discriminaciones
es aquella hecha por los discriminados mismos, eso sucede cuando nuestros
hermanos practicantes de candomblé, como nosotros, de otras naciones
étnicas, practican la discriminación en nuestra contra. Como
dijo el profesor e investigador Julio Braga, hasta la palabra “angolero”,
que designa a una persona que observa las tradiciones religiosas de Angola-Congo,
es peyorativa.
Además de toda la carga discriminatoria que sumimos por la sociedad,
hay la discriminación impuesta por nuestros herrnanos descendientes
de africanos. Los que dicen que no somos una nación, que no tenemos
nuestros propios dioses, nuestro propio vocabuiario, que no tenemos nada para
dar a nadie, no son los protestantes, ni los católicos, ni los mahometanos,
ni los budistas: son los que como nosotros, practican el candomblé.
Repito aqui, mis hermanos, la pregunta que hice en el Forum de los iniciados
del Candomblé durante el Quinto Congreso Afro-Brasileño: Por
qué será que se hace tan poco caso de las tradiciones religiosas
del pueblo que llegó primero al Brasil y que tanto contribuyó
a la formación de la cultura brasileña?
En su Libro Nzinga, Roy Giasgow observa que en 1539 Duarte Coelho pidió
permiso a la corona portuguesa para introducir esclavos en Pernambuco. En
1559 la reina Catarina autorizó la importación de esclavos negros
por los dueños de los ingenios de azúcar. El padre Antonio Vieira
aprobá la trata esclava diciendo que “sin negros, Pernambuco
no existiria y sin Angola, no tendrían negros.” Según
el historiador jesuita Anchieta, en 1583 había diez mil angolanos en
Pernambuco y tres mil en Bahía.
Más de 200 años separan la llegada del primer bantú a
Brasil y la de los yorubas, que comenzó, según Pierre Verger,
a fines del sigla XVIII.
En su excelente trabajo de investigación, el antropólogo Luiz
Mott descubrió en Minas Gerais el caso de un juicio de la Santa Inquisición
a principios de los años 1700, en el cual una mujer, Luzía Pita,
practicante de lo que entonces se llamaba calundú, fue acusada de brujería.
Se salvó de la hoguera renunciando astutamente a sus creencias y prácticas
religiosas y rezando el credo, el Padre Nuestro y el Ave Maria.
La persecución religiosa practicada por los católicos portugueses
en África y en Brasil fue lo que más provocó el olvido
y la pérdida de las tradiciones religiosas de la nación bantú
en Brasil y África. Aún asi, el modelo colonizador de los ingleses
fue tan cruel como el de los portugueses, sin embargo, no se interesaban en
la conversión religiosa de los que colonizaban: que el bárbaro
se quede con su barbaridad. Creemos que esta es la razón por la cual
los nagós yorubas pudioron conservar mejor sus tradiciones como lo
hicieron los pueblos de la india.
Para sobrevivir y preservar algo de sus tradiciones, los angolanos y congoleses
que llegaron al Brasil tuvieran que reinventar, añadir y sustraer ritos,
lenguas, dioses, usos y costumbres de otros pueblos.
Por causa de la discriminación que sufren desde décadas las
casas e iniciados de la tradición Angola-Congo en Brasil, decidimos
formar una entidad para luchar contra esa actitud injusta.
Algunos investigadores desinformados, comenzando por el emérito profesor
brasilerño Nina Rodrigues, precursor de los estudios sobre las religiones
de ascendencia africana en Brasil, no tenian conciencia del mundo bantú
alrededor de ellos. No percibieron la cantidad de palabras bantúes
que se usaban, incluidas en la lengua portuguesa que se habla hoy en Brasil.
Desatentos a la cantidad enorme de nombres de lugares públicos en la
ciudad de Salvador, que son de origen bantú: por ejemplo, Cabula, Curuzú,
Sussuarána, Mussurúnga, Tororó, Muriçoca, Calabetãs,
Beuru etc. ignoraban también los origenes de las manifestaciones folklóricas
por todas partes en Brasil como el maculelê, congada, jongo, reizadas,
capoeira, roda de samba etc. En la música hay la samba — desafortunadamente
hoy casi abandonada por los bahianos—, baião, jongo etc, y en
las artes culinarias, algunas de las especialidades más conocidas de
la cocina brasileña, como la feijoada y el sancocho de pescado llamado
muqueca, deben su creación y elaboración a los esclavos bantúes.
Los negros de Angola-Congo-Mozambique trajeron muchos otros usos y costumbres
desde la época lejana de 1583. Desgraciadamente, las inadvertencias
de Nina Rodrigues se repitieron en las obras de su discípulo Artur
Ramos y, más tarde, por Edson Carneiro. Estos dos investigadores no
ocultaron sus prejuicios en cuanto a las tradiciones religiosas bantúes,
refiriéndose con desdén a la pobreza mítica de los bantúes.
Desde el año 1583, el pueblo angolano, en mayor número que el
del Congo, sigue contribuyendo a la formación de la cultura brasileña.
Nuestro fin es demostran, primero a los practicantes de la tradición
religiosa Angola-Congo y después a todos los que se interesen, hasta
qué punto nuestros antepasados contribuyeron a la formación
de Brasil. Nuestra tierra, nuestro ser brasileño más profundo,
debe tanto a la sangre bantú que se derramó en nuestro suelo,
no solamente de manera humillante, debajo del chicote, sino también
como extremo heroismo; Henrique Dias, jefe de las fuerzas negras frente a
la invasión holandesa; Natividade Saldanha, ardiente revolucionario
de Pernambuco que falleció en Venezuela como soldado de Bolívar;
José Gomes Rego o Cuçumbá, figura de la etímera
República de Ecuador en la revolución pernambucana de 1824;
Luiz Inácio de Azevedo, cuyos sesos fueron tirados a los perros; Chico
Rey, ex esclavo del Congo, que se hizo propietario de la rica mina de oro
Encardideira en Ouro Preto, y que liberó, uno por uno, a sus compañeros
cautivos, volviendo a ser rey como ya lo había sido en África.
A él también se dehe el culto de Santa Efigenia y se dice que
en esa iglesia, las negras se lavaban los elegantes peinados rizados previamente
empolvados de oro como ofrenda en las pilas grandes de agua bendita. Muchos
son los héroes bantúes olvidados o apenas reconocidos en la
historia brasileña. El primero y mayor de aquellos es Zumbi, cuya estatua
en Rio de Janeiro leva una corona de príncipe yoruba. Pero Zumbi y
todos los jefes del quilombo de Los Palmares eran bantúes.
La lucha por la libertad empezó antes de 1600. Mientras la notable
y legendaria reina Nzinga luchaba en África contra los portugueses
durante más de 40 años, en Brasil la nación bantú
mantenía también su resistencia a la esclavitud en Los Palmares.
La forma de las casas, su distribución sobre el terreno, la topografia
del área escogida; todo indica claramente a los investigadores que
el quilombo era bantú, pues en todo se parecia a las aldeas bantúes
africanas.
Además de ofrecer una contribución al folcklor brasileño
y al bienestar de orden práctico y material a sus adeptos, el candomblé
necesíta ofrecer su propia y única elaboración intelectual
y teológica asociada al culto. Dar énfasis sólo al aspecto
ritualista del culto, a los hechizos, trabajos, sacrificios, ofrendas, baños,
música, bailes y vestuario, es decir, al aspecto mágico, nos
leva a pedir prestado a las otras religiones. Así hicieron todas las
vertientes de ascendencia africana.
Según Donald Pierson, nuestros padrinos y madrinas más antiguos
como Aninha, Mãe Menininha, Bernardino do Bate Folha, Mariquinha Lembá,
Constâncio, Gregório Macuende, Ciríaco, Procópia
y muchos otros, se enorgullecían de su linaje, pero se identificaban
como católicos. No habría podido ser diferente, algunos de ellos
ni siquiera tuvieron la ocasión de alfabetizarse entonces cómo
podrian investigar para rescatar nuestras tradiciones religiosas? Y también
porque al principio, este sincretismo — que prefiero llamar paralelismo
— era en algunos casos el embuste para poder reverenciar sus nkises,
orixas y vudúns, y más tarde el embuste se volvió verdad.
En la región bantú de África, el patriarca familiar servia
de sacerdote: el padre o jefe de familia era su curandero, su sacerdote. En
las páginas 85 a la 88 de su libro Religiones africanas en Brasil Roger
Bastide explica precisamente cómo sucedió la sincretización
para los bantúes:
La esclavitud separó las madres de los hijos, el esposo de la esposa;
en esas condiciones cómo podría resistir tal transforrnación
una religión tan estrechamente unida a la vida doméstica y a
los manes de los antepasados, reales o legendarios donde el sacerdocio era
privilegio del patriarca?
Y él contesta:
La primera solución estaba en poder adherirse a la idea que después
de la muerte el alma volvería al país de los antepasados, o
para reencarnarse en seres libres o para aumentar el grupo de antepasados
deificados; de esta manera, el alma recibiría un culto que era imposible
en Brasil. Esta solución frecuentemente impulsó a los esclavos
a morir, a fin de encontrar más rápidamente el paraíso
ancestral. En su libro Datos históricos para la historia de los campos
de Goitacazes, publicado en Rio de Janeiro en 1900, Julio Feiydt narra el
suicidio del negro Malaquias, quien se echó a las aguas del rio Paraíba
del Sur después de despedirse, dejando los vestidos que le habían
sido dados por su amo.
La segunda solucíón era reinventar las otras religiones brasileñas:
las religiones indígenas, la religión católica y aún
las religiones de las otras etnias africanas en términos del culto
a los muertos. Es más tarde, a finales del siglo XIX, cuando el espiritismo
se desarrollará en Brasil, con los fenómenos de los mediums
y de la incorporación de los muertos; será este — el espiritismo
— el que proporcionará la mejor solución a las últimos
bantúes importados y a sus descendientes para reinterpretar la religión
de sus padres en términos europeos.
Entonces cesó la represión policial y fue desacreditada la tesis
defendida por Nina Rodrigues: la de la inferioridad de la raza negra y, por
consecuencia, de su religión. Al ver las clases sociales más
adineradas bailar en el suelo de nuestras casas para alabar a los nkises,
y al ver enorgullecerse a los políticos, artistas e intelectuales de
pertenecer a tal o más cual casa, tenemos que rescatar nuestra identidad,
tomando como base el pensamiento de las tradiciones religiosas africanas y
adaptaria hoy en dia.
En el Tercer Congreso Afro-brasileño, Roberto Mota afirmó muy
justamente: “La religión afro-brasileña no es un sencillo
recordar, sino una elaboración continua.” Nuestros antepasados
esclavos abandonaron el culto a muchos nkises porque esas fuerzas ya no les
servían en la esclavitud. Por qué rezar al nkise Sóge,
protector de los niños y el parto? Para proveer más esclavos
para su señor? Por qué pedirle a Bunzi las lluvias para favorecer
las cosechas de su dueño? Como estos, se olvidaron muchos nkises y
muchos ritos. Para rescatarlos creamos el Centro de Estudios e investígación
de las Tradiciones de Origen Bantú, abierto a todos los iniciados en
Congo-Angola interesados en el conocimiento de nuestra nacíon.
El sincretismo empezó en Africa y a partir de las naves negreras y
no, como erróneamente lo piensan muchas personas, con la llegada de
los yorubas al Brasil. En su libro sobre la religión de la etnia bantú
llamada Quioco, Eduardo dos Santos escribe: “Cuando un dia conversamos
con un grupo de nativos (en África), a alguien que decía que
las almas van para Satanás, un soba muy viejo replicó: Sake
Satán aua imbari’ (Mentira, Satanás es de los blancos!)”.
Durante el Quinto Congreso Afro-Brasileíio, tuvimos la ocasión
de responder a los evangélicos que nos acusaban de adorar al diablo:
“El Diablo es de ellos, es una creación judea-cristiaña;
nosotros tenemos Ungira, los de la nación yoruba tienen Eleguá
que en nada tiene de parecido a Lucifer.” Sabemos que algunas personas
desinformadas piensan poder ganar prestigio, fama y respeto al decir que reciben
a Lucifer y a sus acólitos y al mismo tiempo se denominan practicantes
del candomblé.
Pedimos que piensen bien en lo que hacen ellos. Haremos todo lo posible para
que en el futuro el candomblé se destaque del sincretismo católico
y que se despoje de aquellas baratijas a disfraces que ya hay no san necesarios,
dado que ya nadie va para la hoguera por no ser cristiano.
La etnia bantú de los bacangas, desde antes de Cristo, tenha la cruz
cómo uno de sus simbolos más sagrados. Solamente que en vez
de usarla para recordar una carniceria, sus líneas tenían otro
significado. La línea horizontal representa el limite, la frontera
entre dos mundos; el de arriba, de los vivos; y el de abajo, de los muertos.
La línea vertical es la del poder de la unión de los dos mundos.
El bantú hacía un juramento encima de una cruz trazada en el
sueto, en el punto donde las dos líneas se encuentran, situándose
así entre la vida y la muerte. El juramento se hace invocando el juicio
de Zambi y la muerte, en caso de quebrar el juramento o no decir la verdad.
En el mundo bantú las encrucijadas representan un punto de intersección
indestructible entre los antepasados y los vivos. Hoy en dia en Brasil los
niños todavia cruzan los dedos delante de la boca y los besan cuando
hacen un juramento.
Los bantúes imaginaban el mundo compuesto de dos montañas opuestas
en su base y ligadas por el agua. El mundo de encima, el de los vivos, se
llamaba Ntoto y el mundo de abajo, el de los muertos, se llamaba Mpemba. Al
nacer y ponerse el sol forma un círculo que simboliza la eternidad
de la vida humana. Para el bantú, la muerte es una transición
y no un fin.
Antes de la legada del colonizador a África, las religiones tradicionales
creian en un dios creador, sin fin, antes del principio y encima de todo.
Eran monoteístas, adoraban las fuerzas de la naturaleza, los nkises
y veneraban a sus muertos, sus antepasados fundadores de clanes, a quienes
ofrecían sacrificios y ofrendas. Es lo que hacemos hoy cuando adoramos
a los caboclos, los indígenas de Brasil. El hombre era un elemento
participante en la fuerza de Dios.
La diferencia fundamental entre el pensamiento occidental y el de los bantúes
es, según Plácido Temple:
Los cristianos tienen un concepto estático del ser, los bantúes
una noción dinámica. Los bantúes tienen un concepto trascendental,
elemental, simple: para ellos es la energia, como para nosotros, es ser. Es
por la energia que todos los seres se parecen, y esta energia es la realidad
común a todos los seres, o mejor, idéntica en todos los seres.
La noción bantú fundamental es que toda energía puede
aumentar o disminuir. Es decir, todo ser puede volverse más fuerte
o más débil.
Los bantúes ven el mundo como un gran bulto hecho por el creador Zambi.
En este paquete están todos los remedios para todos los padecimientos
que existieron, existen o existirán. Están aqui, guardados dentro
de la tierra. La toca al hombre doscubrirlos, poro Zambi ya los hizo.
El pecado no existe. Creen en la reencarnactón, poro no cómo
proceso expiatorio, sino natural. No tienen ni la presunción ni la
ostentación de creerse superiores a las otras criaturas, como lo piensan
los cristianos; por eso, para ellos, la reencarnación puede darse en
cualquier forma de vida. Los males que nos afligen son provocados por los
kazumbi, espíritus malos que vagan por este mundo, y los espíritus
buenos viven en el reino de kalumgagómbe. El bakongo cree que la vida
humana no tiene fin, la muerte es una transición para el cambio.
Nuestro propósito aqui es mostramos a nosotros los iniciados en las
tradiciones Congo-Angola que no necesitamos pedir prestado a las otras religiones,
pues tenemos una cosmovisión propia, aunque sea desconocida hasta hoy
por ser poco difundida. Tenemos dioses, lenguaje y ritos propios, también
poco difundidos. El Centro de Estudios e investigación de las Tradiciones
de Origen Bantú se creó para rescatar y difundir este saber
en Bahía y en Brasil.
NOTA
Es bueno notar que hablarnos de un pueblo con 300 lenguas aproxímadamente.
Hay diferencias también en sus ritos; lo que presentamos aqui san los
pensamientos que tíenen en común.
Laércio Messias do Sacramento
Traducción: kitzie McKinney y Eneyda Cepeda de la Fe